Hoy se me quemó otra biblioteca.
Un hombre que se lleva toda mi admiración; un caballero de los antiguos, de los que hoy faltan. Un hombre de convicciones y de un afecto único, con quien pude compartir grandes tertulias, con quien me instruí muchísimo, siempre atento y gentil.
Antonio es el compañero de mi amiga Sonia, y hoy ella queda con un vacío enorme, de esos que cuesta imaginar cómo llenar. A través de ella también tuve la fortuna de compartir con él y de conocer ese lado tan cariñoso y atento que tenía.
Quiero recordar especialmente el amor que le tenía a Aníbal. Aunque ya le costaba caminar, cada vez que íbamos a visitarlos, él hacía el esfuerzo de salir y volver con juguete para Aníbal. Esos pequeños gestos dicen muchísimo de una persona y son de las cosas que más voy a guardar en mi corazón.
Hoy siento tristeza por su partida, pero también una enorme gratitud por haber podido conocerlo, escucharlo y aprender de él. Me quedo con sus palabras, con nuestras conversaciones, traguitos, con las risas y con tantos recuerdos que ahora adquieren un valor aún más especial.
Se va un hombre extraordinario, pero queda todo aquello que compartió con quienes tuvimos la suerte de conocerlo.
Descansa en paz, querido Antonio.
Gracias por cada tertulia, por cada enseñanza, por tu cariño y, especialmente, por ese cariño tan bonito que siempre tuviste con Aníbal.
Hoy se apagó una gran biblioteca, pero su recuerdo seguirá viviendo en quienes tuvimos el privilegio de conocerte.
Conchita Figueroa
21-09-2026

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