martes, septiembre 22, 2026


 Hoy se me quemó otra biblioteca.


Un hombre que se lleva toda mi admiración; un caballero de los antiguos, de los que hoy faltan. Un hombre de convicciones y de un afecto único, con quien pude compartir grandes tertulias, con quien me instruí muchísimo, siempre atento y gentil.


Antonio es el compañero de mi amiga Sonia, y hoy ella queda con un vacío enorme, de esos que cuesta imaginar cómo llenar. A través de ella también tuve la fortuna de compartir con él y de conocer ese lado tan cariñoso y atento que tenía.


Quiero recordar especialmente el amor que le tenía a Aníbal. Aunque ya le costaba caminar, cada vez que íbamos a visitarlos, él hacía el esfuerzo de salir y volver con juguete para Aníbal. Esos pequeños gestos dicen muchísimo de una persona y son de las cosas que más voy a guardar en mi corazón.


Hoy siento tristeza por su partida, pero también una enorme gratitud por haber podido conocerlo, escucharlo y aprender de él. Me quedo con sus palabras, con nuestras conversaciones, traguitos, con las risas y con tantos recuerdos que ahora adquieren un valor aún más especial.


Se va un hombre extraordinario, pero queda todo aquello que compartió con quienes tuvimos la suerte de conocerlo.


Descansa en paz, querido Antonio.

Gracias por cada tertulia, por cada enseñanza, por tu cariño y, especialmente, por ese cariño tan bonito que siempre tuviste con Aníbal.


Hoy se apagó una gran biblioteca, pero su recuerdo seguirá viviendo en quienes tuvimos el privilegio de conocerte.


Conchita Figueroa

21-09-2026

viernes, agosto 14, 2026

 Encontré este relato que escribí en mayo de 2005. Han pasado 21 años y nunca me animé a publicarlo, ya que una amiga me lo pidió de regalo. Hoy decidí hacerlo. No sé si sigue funcionando, pero quiero descubrirlo. Si lo leen, agradecería muchísimo una crítica sincera.


Le temblaba el brazo, sin notarlo la apretaba fuertemente, como un niño que no desea entregar un juguete, que sabe no es suyo, sin alegar o reclamar por el dolor que le provocaba el apretón, fijo la vista en el bello altar de la pequeña iglesia, en la cual revoloteo toda su niñez, siempre le gusto la imagen de la Santísima Concepción.  Bajó la mirada y vio hacia su derecha, muy formales y bien vestidos (la mayoría trajes diseñados por el modisto del momento) se encontraba una gran variedad de personalidades, por lo visto muy importantes, en realidad solo mencionar que el Senador lucia unos gemelos, regalo de cumpleaños hecho por el Señor Presidente, nos da la idea del tipo de personas de las que hablamos, las damas, hasta las de edad avanzada lucían realmente como estrellas de hollywood, si bien es cierto más de alguna pertenecía al jet set criollo y miraban muy serias a quienes estaban detrás de ellas: los jóvenes amigos del novio;  quienes no paraban de parlotear y bromear acerca de ese joven abogado que con solo 32 años había logrado ser la mano derecha del Ministro de Justicia.  Sonrío y luego vio a su izquierda un peculiar grupo de personas, bulliciosas alegres, que no comprendían la solemnidad y distancia de los acompañantes del novio, por el contrario demostraban claramente su felicidad, alegría y orgullo que merecía esta celebración, los colores en sus trajes lo demostraban, trajes que terminarían de pagar a la casa comercial cuando la feliz pareja cumpla un año, pero que importaba la deuda, era la primera nieta, sobrina, prima y hermana que llegaba al altar, ella una joven que comenzó a trabajar a sus cortos 18 años como asistente jurídica en el Ministerio, luego de seis años trabajando en la misma Institución coincidieron en el despacho del Ministro.  El desdén fue mutuo él no dudo en que ella solo sería una típica “niña” que retrasaría todo con detalles y nimiedades, ella por el contrario creyó que este “hijito de papá” querría llevarse el crédito de todo y sería muy exigente, y mírenlos ahora, solo 18 meses más tarde, a pasos del “gran Paso” a punto de unirse en un lazo sagrado y respetado; a punto de aceptar luchar contra viento y marea por permanecer juntos el resto de su vida ¡Demasiado tiempo! ¿no creen? No han planeado tener hijos pero están seguros que en unos meses comenzarán las presiones familiares, consciente de la diferencia entre sus familias y amistades, renunciando un poco a sus ritmos de vida, solo por cumplir el deseo de estar juntos... tal vez por siempre.

Veo hacia el suelo, reconozco estos zapatos blancos debajo de un largo traje, levanto la vista y le susurro a papá “Ya llegamos!”.

Conchita Figueroa

Santiago, mayo 2005

 Hoy se me quemó otra biblioteca. Un hombre que se lleva toda mi admiración; un caballero de los antiguos, de los que hoy faltan. Un hombre ...