conocer el camino a seguir, el temor a las palabras que la clarividente pudiera decir…Eran emociones lo suficientemente inquietantes para querer gritar.
Sin embargo, la tranquilidad de saber que lo que se escuchara no es más que una confirmación de su propia visión, la satisfacción de llenar los pulmones c
on aires marinos, el simple hecho de viajar por más de una hora, en busca de un destino incierto era casi sedante…Luego de un corto recorrido y mil pequeñas historias pasando frente a si, ferias de antigüedades, club de brisca, pequeños y sus padres, parejas, si esas parejas que simplemente están en otro plano y que no tienen ojos mas que el uno para el otro, el hecho sentir cada pequeño mundo le hizo sentir ser parte de una inmensa cadena de interminables destinos… algo difícil de describir
Ya instaladas, la sensación de estar siendo observada por años de historia, el choque inmenso sus casonas de diversos colores y diseños, apiladas una tras otra como si todas q
Conchita Figueroa, Santiago, julio 18 de 2011

