Encontré este relato que escribí en mayo de 2005. Han pasado 21 años y nunca me animé a publicarlo, ya que una amiga me lo pidió de regalo. Hoy decidí hacerlo. No sé si sigue funcionando, pero quiero descubrirlo. Si lo leen, agradecería muchísimo una crítica sincera.
Le temblaba el brazo, sin notarlo la apretaba fuertemente, como un niño que no desea entregar un juguete, que sabe no es suyo, sin alegar o reclamar por el dolor que le provocaba el apretón, fijo la vista en el bello altar de la pequeña iglesia, en la cual revoloteo toda su niñez, siempre le gusto la imagen de la Santísima Concepción. Bajó la mirada y vio hacia su derecha, muy formales y bien vestidos (la mayoría trajes diseñados por el modisto del momento) se encontraba una gran variedad de personalidades, por lo visto muy importantes, en realidad solo mencionar que el Senador lucia unos gemelos, regalo de cumpleaños hecho por el Señor Presidente, nos da la idea del tipo de personas de las que hablamos, las damas, hasta las de edad avanzada lucían realmente como estrellas de hollywood, si bien es cierto más de alguna pertenecía al jet set criollo y miraban muy serias a quienes estaban detrás de ellas: los jóvenes amigos del novio; quienes no paraban de parlotear y bromear acerca de ese joven abogado que con solo 32 años había logrado ser la mano derecha del Ministro de Justicia. Sonrío y luego vio a su izquierda un peculiar grupo de personas, bulliciosas alegres, que no comprendían la solemnidad y distancia de los acompañantes del novio, por el contrario demostraban claramente su felicidad, alegría y orgullo que merecía esta celebración, los colores en sus trajes lo demostraban, trajes que terminarían de pagar a la casa comercial cuando la feliz pareja cumpla un año, pero que importaba la deuda, era la primera nieta, sobrina, prima y hermana que llegaba al altar, ella una joven que comenzó a trabajar a sus cortos 18 años como asistente jurídica en el Ministerio, luego de seis años trabajando en la misma Institución coincidieron en el despacho del Ministro. El desdén fue mutuo él no dudo en que ella solo sería una típica “niña” que retrasaría todo con detalles y nimiedades, ella por el contrario creyó que este “hijito de papá” querría llevarse el crédito de todo y sería muy exigente, y mírenlos ahora, solo 18 meses más tarde, a pasos del “gran Paso” a punto de unirse en con un lazo sagrado y respetado; a punto de aceptar luchar contra viento y marea por permanecer juntos el resto de su vida ¡Demasiado tiempo! ¿no creen? No han planeado tener hijos pero están seguros que en unos meses comenzarán las presiones familiares, consciente de la diferencia entre sus familias y amistades, renunciando un poco a sus ritmos de vida, solo por cumplir el deseo de estar juntos... tal vez por siempre.
Veo hacia el suelo, reconozco estos
zapatos blancos debajo de un largo traje, levanto la vista y le susurro a papá
“Ya llegamos!”.
Conchita Figueroa
Santiago, mayo 2005
















